A Rossana Reguillo (1955-2026) con motivo de su fallecimiento
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A Rossana Reguillo (1955-2026) con motivo de su fallecimiento
María Martha Collignon, profesora emérita del ITESO, edificio poniente, 6 de mayo de 2026.
El corazón tiene razones que la razón ignora.
Blaise Pascal, 1658
El ITESO cumplía sus primeros veinte años de vida (1957) cuando Rossana Reguillo llegó a él. Era 1977, Rossana contaba con 22 años. Fue luchadora toda su vida, hasta que nos dijo adiós con el corazón, cuando ya no podía hablar. Libró muchas batallas, siempre con miras a cuestionar lo dado, a denunciar lo injusto, a exigir lo justo.
Por más de 40 años (1977-2018) Rossana habitó, en el más amplio sentido de la palabra, nuestro ITESO; habitó varios espacios y mundos itesianos, y hoy, esos espacios y mundos son lo que son, porque ella estuvo ahí.
Los jóvenes, la ciudad, la violencia; la vida cotidiana, la política, la tecnología, fueron temas por los cuales es reconocida como una gran, generosa y potente investigadora; nos mostró con su trabajo y su producción que “nada nos puede ser ajeno” cuando “la realidad nos explota en la cara”, como ella decía. Sensible, crítica, exigente, directa, confrontativa, se convirtió en un punto de inflexión para muchos de sus alumnos, becarios, colegas, tesistas, incluso para sus jefes.
Resulta difícil en momentos como los de ahora, elegir qué decir; momentos en que Rossana ya no está, aunque siga palpitando en nuestros corazones y nuestros pensamientos. Quiero decir tantas cosas: gracias, adiós, aquí sigues, te queremos. Quisiera enviar a ese espacio que hoy habitas un amplio y agradecido abrazo por estos más de 40 años de acompañamiento, afecto, trabajo, disposición atenta.
Confieso que tengo el corazón roto y al mismo tiempo agradecido. Pero solo decir gracias y adiós, es injusto, porque la trayectoria de Rossana, así como sus aportes, sus propuestas, sus producciones, son amplios y generosos, tanto como profesora, como investigadora, como colega y como amiga.
Hoy quiero resaltar su afán permanente por “incorporar a sus espacios docentes los objetos que investigaba”. De ella aprendimos que no es posible ni deseable ni aceptable, construir conocimiento en torno a lo social, a la comunicación y a la cultura, si no es a través de la inmersión en el campo, la denuncia, el acompañamiento y el trabajo con los sujetos sociales que construyen con sus prácticas el mundo social que habitan. Aprendimos a abrir las puertas de la universidad, salir a la calle y dejar que la calle entrara.
Con ella y de ella aprendimos en esta comunidad itesiana que el trabajo académico nos compromete, nos “amarra” a esa realidad social que estudiamos y que no podemos dejar pasar la mínima oportunidad de gritar, denunciar y trabajar, junto con los otros, esos otros que, en esa partición de lo sensible, son invisibilizados. Sostuvo siempre que “cualquier modelo de orden puede ser modificado” (Paisajes, p.86)
En 2008 me dijo algo que marcó mi modo de entender la práctica de la investigación: “Mi angustia intelectual se disparó porque al tratar de encontrar elementos que me permitieran comprender lo que estaba viendo, vi que había realmente una pobreza comprensiva sobre el fenómeno […] en una primera etapa trabajé de manera muy solitaria, armando muchas incertidumbres, con un susto enorme…”. Rossana SENTÍA la investigación, dejaba entrar a su cuerpo las expresiones de sus objetos. (Jóvenes, p.105-106)
Fue viajera incansable, colega y amiga de investigadores y catedráticos de puntos diversos del mundo, de activistas, de jóvenes, de madres buscadoras, de escritores, de analistas políticos y sociales. Rossana sostuvo una red fuerte de lazos que emergieron de su inteligente pensamiento y su gran corazón. Investigó, interrogó, cuestionó, denunció, con el corazón y con el pensamiento, juntos, convencida de que sólo así era posible hacerlo.
Hace algunos unos pocos años, de ella se dijo que era una investigadora que conjuntaba en cada uno de sus estudios el rigor académico y la pasión.
Sus aportes, sus pasiones, sus pensamientos dejaron huellas profundas en varios espacios porque ella los habitó de diversas maneras, coordinando, dirigiendo, representando, enseñando, participando, creando, editando, diseñando programas y proyectos varios.
En todos y cada uno de esos escenarios se mostraba convencida de que compartir conocimiento era plantar la semilla de la cultura; que enseñar es una manera de conocer no solo cosas y causas, sino a los otros y a nosotros mismos (La vida de la mente, p. 275); nuestro departamento en Estudios Socioculturales y sus programas educativos son lo que son y han logrado lo que han logrado, porque Rossana ha estado ahí, trabajando codo con codo, para aportar forma a todas y cada una de las propuestas e ideas que fueron gestando diversos proyectos.
El camino que ella decidió recorrer no estuvo exento de tensiones y conflictos, pero lo que hoy somos, como actores del campo de la comunicación y la cultura, difícilmente podría reconocerse y entenderse sin la presencia de Rossana.
En toda su obra ella comunicó, ejerció la comunicación, nos mostró las aristas y los alcances de esta práctica humana. Aprendimos con ella que no hay límites cuando se busca trascender y traspasar las barreras del orden social; Reguillo, reportera, profesora, periodista, catedrática, investigadora, ha dejado una huella importante en nuestro modo de hacer, entender e investigar la comunicación, para así “atender” el mundo social. Con Rossana hemos dado vida el valor de la comunicación, como fuerza transformadora de la cultura y de lo social.
Lo que hoy somos como Iteso, como Departamento académico, lo somos junto con Rossana.
Cómo agradecer de manera personal e institucional, el trabajo, el tiempo y la dedicación de Rossana; cómo agradecer la oportunidad de haber trabajado codo a codo con ella.
Gracias Rossana por tu inteligencia, tu pasión, y tu generosidad. Gracias por apropiarte de nuestro ITESO, gracias por ser parte de nuestro departamento, por dejarnos tanto. Y también gracias Iteso por haberle abierto hace más de 40 años, los brazos a Rossana.
A nombre propio, de nuestro ITESO y Departamento: gracias, muchas gracias, Rossana.
ITESO