“El dilema ético es la encrucijada natural de la existencia humana”
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“El dilema ético es la encrucijada natural de la existencia humana”
Sergio Villaseñor, psiquiatra cultural, aseguró que la humildad epistemológica, la tolerancia a la incertidumbre y el compromiso compasivo son tres actitudes profundamente éticas que ayudarán a los profesionales a navegar la actualidad convulsa.
Ximena Torres
Quienes estudian la psique, los procesos de educación, el desarrollo y la nutrición trabajan con el material más frágil y complejo que existe: la condición humana. Su labor terapéutica, pedagógica o nutricional es, fundamentalmente, un acto de restitución de la libertad y la dignidad. Por lo tanto, es necesario que este grupo de profesionales haga una reflexión constante sobre su praxis.
Esta fue el planteamiento propuesto por Sergio Villaseñor Bayardo, especialista en psiquiatría y antropología social por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París, durante el encuentro “Voces y Saberes: Ética en acción”, organizado por el Departamento de Psicología, Educación y Salud (DPES) del ITESO.
En su segunda edición, la actividad se llevó a cabo con la intención de que estudiantes y académicos hicieran una pausa para reconocer el escenario en el que prestan sus servicios, para luego preguntarse por las mejores maneras de responder a los dilemas éticos recurrentes en su campo disciplinar, por ejemplo, los límites del secreto profesional, la atención a situaciones de abuso, la supervisión en procesos de investigación y la responsabilidad en el uso de tecnologías emergentes.
Villaseñor, quien también es fundador del Grupo Latinoamericano de Estudios Transculturales, guio la primera parte de estas conversaciones. “El dilema ético no es un error de cálculo, es la encrucijada natural de la existencia humana. Surge cuando dos valores legítimos entran en colisión”, destacó.
Para entender y elegir el camino más conveniente ante esas disyuntivas, la memorización de un código deontológico, un manual de procedimientos o un recetario comportamental no es suficiente. De acuerdo con Villaseñor, hace falta la deliberación situada, aquella capaz de reconocer que en México y el mundo muchas personas viven en un presente marcado por el desgarramiento del tejido social, escenarios de extrema vulnerabilidad y una creciente exposición a situaciones límites.
Tres pilares
Estas circunstancias pueden hacer que psicólogos, nutriólogos y educadores sientan que la realidad social rebasa las herramientas que adquirieron en la universidad. Villaseñor les propuso tres pilares fundamentales para navegar su práctica profesional en estos tiempos convulsos.
Uno de ellos es la tolerancia a la incertidumbre, un lugar común del dilema ético. Las respuestas rápidas y absolutas son indicio de un pensamiento poco profundo que no se cuestiona. Al contrario, sostener la tensión de la duda, debatirla con colegas y buscar supervisión “es un signo de madurez profesional incalculable”, dijo el ponente.
El segundo pilar es el compromiso compasivo, entendido desde la raíz etimológica de compassio, que significa padecer con el otro. Esta postura confronta la frialdad jurídica de una práctica profesional que reduce a las personas a expedientes clínicos y estadísticas.
El tercer pilar, que Villaseñor describió como uno de los más relevantes, es la humildad epistemológica. Desde esta actitud, un profesional es consciente de que cada persona es experta en su propio sufrimiento y, gracias al respeto por la diversidad, comprende que “la enfermedad mental tiene el color de cada cultura”.
Interdisciplina y cuidado
Reconocer que cada ciencia tiene límites también es una oportunidad para la interdisciplina. Villaseñor, por ejemplo, como especialista en psiquiatría cultural, ha desarrollado su trabajo sobre salud mental con herramientas provenientes de los estudios antropológicos.
La reflexión ética también tiene espacio en esta actitud de colaboración, pues, “aunque demanda ser vivida en solitario, tiene una dimensión comunitaria indispensable”, comentó Luis Marrufo Cardín, titular de la Dirección General Académica del ITESO, durante la inauguración de Voces y Saberes.
Eugenia Casillas, directora del DPES, también estuvo en la apertura del encuentro para explicar que el propósito fue reunir a los nueve programas integrados al departamento (tres licenciaturas, una especialidad, tres maestrías y dos doctorados) en un diálogo diverso y cooperativo.
Casillas invitó a los asistentes a retomar la perspectiva profesional de la ética del cuidado. “Ésta supone reconocer la vulnerabilidad humana, tanto la propia como la ajena, y hacer del respeto, la sensibilidad y la empatía elementos fundamentales de nuestra acción profesional”, explicó.
Además de la conferencia magistral, el encuentro incluyó talleres, conversatorios y mesas de trabajo realizados los días 7 y 8 de octubre.
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