Saber mirar a lo otro: el "clown como método filosófico en María Zambrano
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Saber mirar a lo otro: el "clown" como método filosófico en María Zambrano
El verdadero sentido del arte es ser pan para todos", reflexionó Carlos Gutiérrez Bracho, autor de “El clown existencial: historia de una poética sobre la condición humana”, al abordar el exilio, la compasión y la figura del clown en la filosofía de María Zambrano.
Sara Ezzy
“El recorrido al que les invito en esta charla es a que veamos por qué considero que el interés de María Zambrano por el clown no constituye un motivo artístico casual”, dijo Carlos Gutiérrez Bracho en la conferencia “Exilio y compasión: el clown como método filosófico en María Zambrano”.
La actividad fue organizada por el Departamento de Filosofía y Humanidades del ITESO, previo al II Congreso Internacional de Filosofía y a la Semana de Filosofía, iniciativas que buscan explorar los cruces del pensamiento filosófico con la poesía, la literatura y el arte.
Carlos Gutiérrez Bracho, doctor en Lenguaje y Manifestaciones Artísticas y Literarias por la Universidad Autónoma de Madrid y autor de El clown existencial: historia de una poética sobre la condición humana, abordó la figura del payaso en Zambrano no como una mera anécdota estética, sino como una categoría central de su pensamiento.
Desde las artes escénicas, la figura del payaso permite iluminar el significado del pensamiento y su relación con la experiencia, lo que ocurre cuando una persona pierde su lugar de arraigo y la manera de establecer una relación con aquello que la filósofa malagueña denomina “lo otro”.
Gutiérrez repasó los hitos biográficos de María Zambrano, marcados por 45 años de exilio tras el estallido de la Guerra Civil Española en 1936. Apoyándose en la lectura de Mercedes Gómez Blesa, trazó la evolución de su trabajo: desde la preocupación por las crisis históricas europeas hasta su plena madurez intelectual, cuando germina el concepto de “razón poética”, un pensamiento íntimo, arraigado en la experiencia vivida.
En ese tránsito al exilio, Gutiérrez destacó un episodio revelador: en la frontera con Francia, María Zambrano cruzó miradas con un hombre que llevaba un cordero sobre sus hombros. El encuentro de miradas con el animal la acompañaría durante todo su exilio. Para María la experiencia precede a todo método: “Un andar perdido que será luego su libertad”. Y es ahí cuando la figura del clown cobra fuerza como un reflejo de su propia condición. Gutiérrez explicó que “para ella, el payaso es precisamente aquel que hace visible un movimiento que normalmente permanece oculto: el titubeo, la equivocación, la interrupción, la caída, la tentativa y la búsqueda, y en él, como en el acto de filosofar, ese movimiento también es método”.
Esta sensibilidad hacia lo frágil dialoga con la Generación del 27 y con Las Sinsombrero, grupo de intelectuales al que perteneció la autora. En los años veinte, figuras como el pintor Rafael Pérez Barradas introdujeron el clownismo en el Ateneo de Madrid, contagiando a poetas como Federico García Lorca y Rafael Alberti. El clown aparecía como la imagen del loco, del tonto o del sujeto a la intemperie —evocado en los cómicos del cine mudo como Chaplin y Buster Keaton—, convirtiendo el tropiezo en materia estética y existencial.
Zambrano reconoció esa misma intemperie en cuadros como El Niño de Vallecas, de Diego Velázquez: el bufón e inocente dejado al borde de la historia. Para el ponente, se trata de quien vive en el límite entre la vida y un no-lugar, una tierra donde ya no se es personaje, ni héroe ni nada. Aseguró que la experiencia del exilio para María Zambrano es el método donde “se encuentra con la figura del payaso, el anhelo del nuevo lugar, de la patria perdida y de la búsqueda constante del que busca eternamente un buscar heredado que se ha transmitido por milenios”.
Esta intuición se consolidó en 1957, cuando Zambrano publicó en la revista La Palabra y el Hombre su ensayo “El payaso y la filosofía”, en el que rememoraba la actuación del célebre clown Grock, presenciada 25 años atrás en el Circo Price de Madrid. Al evocar la sonrisa contenida de Grock en la antesala de la guerra, la filósofa descubrió la dimensión filosófica de la torpeza y la necesidad de una mirada cómplice con la multitud.
Gutiérrez propuso desplazar el concepto “zambriano” de “piedad” hacia el de “compasión” para acercarse a cualquier otro que también naufraga en los límites de su existencia. El fin último del clown o del payaso es buscar al doliente, mirarle a los ojos y decirle en silencio: “estoy aquí”. Al regresar a España cuatro décadas después, Zambrano confesó haber buscado a aquel cordero de la frontera sin encontrarlo, hasta comprender que ella misma se había convertido en el cordero.
El clown, como el exiliado, encarna así una figura sacrificial cuyo tropiezo hizo comprender a María Zambrano el verdadero sentido del arte: “ser pan para todos”.
A modo de cierre del conversatorio, se llevó a cabo un diálogo con el público para seguir pensando en la riqueza de esta figura. Las intervenciones del auditorio se dieron en torno a la figura liminal del clown y su relación con la literatura: desde los espacios circenses en El desaparecido de Franz Kafka como utopías de alteridad radical, hasta el desacoplamiento de la identidad presente en los heterónimos de Fernando Pessoa. Asimismo, se reflexionó sobre la presencia del bufón en la tragedia griega y en los criados del Siglo de Oro español, personajes marginales que se quedan solos en el escenario para hablarle directamente al espectador sobre la verdad de la condición humana.
A pesar de que históricamente la academia ha categorizado como banal el estudio del payaso, Gutiérrez concluyó que el clown opera como un auténtico termómetro social y político. La jornada cerró con las palabras de Pedro Reyes, académico del Departamento de Filosofía y Humanidades del ITESO, quien destacó el valor de recuperar el titubeo y el tropiezo construido como vías para retornar a lo más originario de la condición humana y a la posibilidad de mirarnos con compasión.
Con este conversatorio, el Departamento de Filosofía y Humanidades del ITESO dio inicio a sus actividades académicas del ciclo, las cuales continuaron con el II Congreso Internacional de Filosofía en el Auditorio Poniente e invitaron a la comunidad universitaria a sumarse a la próxima Semana de Filosofía en febrero.
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